Antes de empezar a escribir, crea tu espacio para ello

No todos somos como J. K. Rowling, que se dice que creó a su personaje más famoso, Harry Potter, en una cafetería. La verdad es que ni de lejos, a muchos de nosotros más bien ese ambiente nos distraería. Para poder hacer algo así no basta solo con tener una idea y un gran talento, sino también una gran capacidad de abstracción del mundo. Para poder escribir una novela, y hacerlo con tino para que sea un éxito, debemos establecer unas ciertas rutinas y crear un espacio propio, que es lo que hoy os vamos a recomendar. Yo, en mi caso, que trabajo escribiendo artículos para diferentes medios de comunicación, me hice con un mobiliario cómodo y elegante en la tienda de mi ciudad, Almería, en Muebles Pepín, y la verdad es que desde que tengo una habitación para mí trabajo con una mayor soltura.

Pues bien, como os decía, es clave crear este espacio. Pero para poder construirlo, pero debemos tener ese rincón propio. Es importante poder dedicar un lugar de la casa a esta actividad, ya sea una habitación o una terraza con mucha luz que hayamos cerrado con cristal… Lo que nos da igual es el tamaño del espacio, porque no influirá mucho, pero sí es cierto que debe ser un lugar reservado para nosotros, donde no entren por ejemplo nuestros hijos cada dos por tres con sus juguetes o al que llegue el sonido de la televisión desde el salón. En silencio y en soledad es donde mejor se construyen las historias.

Lo básico y esencial es tener una mesa grande donde podamos escribir y rodearnos de los papeles que nos interesan para ello. Si los podemos diseminar por toda la mesa para tenerlos siempre a mano será muy cómodo, o nos agobiará un poco esa sensación de desorden, en función de la personalidad de cada uno. Lo normal es que antes de escribir hayamos tomado notas y queramos recurrir a ella de una forma fácil o recordarlas con un sencillo vistazo.

La silla es también clave. Escribir suele ser una tarea que ocupa horas y horas de nuestro tiempo, más en función del trabajo que queramos hacer. Aunque solo sea para documentarnos, solemos ocuparla mucho, y también debemos pensar en nuestro cuerpo, no únicamente en nuestra inspiración. Unas buenas posturas harán que luego no sintamos dolor ni nos resintamos de haber pasado tanto tiempo sentados. Es conveniente levantarse de vez en cuando a estirar las piernas y consultar con un fisioterapeuta cuál es la mejor forma de sentarnos.

La luz ha de ser siempre cálida. Las luces blancas molestan bastantes, así que debemos tirar por una amarilla. Asimismo, estudiaremos cómo colocar esa luz en caso de no poder tener acceso a la natural o de que sea de noche. La forma en que nos enfoca puede resultar molesta, así que debemos situarla en una posición que aporte luminosidad pero que a la vez no nos deslumbre ni se refleje en la pantalla del ordenador, que es lo que se suele utilizar ya para redactar en estos tiempos. En este sentido, si es posible y nuestro presupuesto nos lo permite, existen pantallas de ordenador cuya retroiluminación es menos perjudicial para nuestros ojos. Si vamos a pasar muchas horas delante del mismo, sería bueno poder hacernos con una máquina de este tipo.

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Un sofá en el despacho para pensar

Yo, particularmente, he añadido a la estancia un pequeño sofá. No suelo escribir en él, pero a veces me gusta tumbarme allí a pensar, a discurrir ideas, y también, por qué no, a leer artículos o libros de otros autores de los que me pueden surgir mis propios proyectos, que me inspiran o me generan una intriga sobre la que investigar y escribir. Es también un buen sitio para leer y documentarnos si lo que queremos en redactar una novela, por ejemplo.

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